Queda prácticamente una semana para volver a España, y ahora tengo la sensación de que llevo aquí apenas unos días, empiezo a preocuparme por mis estados de ánimos tan cambiantes, al menos es entretenido ¡no me podéis decir que siempre os digo lo mismo!

Tengo esto un poquito abandonado, pero es por una buena razón, paso mucho tiempo fuera haciendo cosas y cuando volvemos a casa, el centro en el que tengo internet ha cerrado…Llevamos posponiendo la visita al castillo de Rochester cuatro días, uno por que Patricia no tenía ánimo, otros dos por el tiempo, las lluvias aquí no paran – ha sido muy gracioso cuando viendo la previsión del tiempo anunciaban lluvias durante un mes, al parecer le verano por aquí está dando los ultimo coletazos, y the Winter is comming- y el cuarto día porque vino de visita la nieta de Patricia. Una chica encantadora que trabaja en la rehabilitación de perros con lesiones musculares u óseas, pero, aunque me robase mi día de excursión, me regalo la dirección donde podíamos encontrar un mercadillo hecho con cosas artesanales, ropa incluida, veremos que nos espera en él…
Pero al fin, el día llegó, todos los buenos comentario que había escuchado acerca del castillo iban a ser pasados por mi tamiz. El castillo se encuentra enclavado a la orilla del rio Medway un afluente bastante grande del río
Támesis, un puerto deportivo y un grandioso puente lo rodean, suelos empedrados, calles estrechas, entramos en el medievo modernizado, en medio de todo esto se levanta una gran torre, que desde fuera no parece gran cosa y teniendo en cuenta que data de 1066, supongo que pocas zonas se podrán ver, aun así, ver el parque que albergan sus murallas y poder ver esas ruinas ya había merecido la pena. Aun así, seguía queriendo entrar, esperaba con todas mis ganas estar equivocada y encontrar algo realmente genial.
No recuerdo si os lo he contado, pero todo el tiempo aquí piensan que tengo aproximadamente 16-17 años, la otra noche tuve que enseñar mi carnet de identidad porque no me querían servir una cerveza, y el día de la carrera de perros no sabían si darme entrada infantil o adulto; tengo que confesar que lo de la cerveza no es la primera vez que me pasa, también en España. Pero con esta visita al castillo iba a aprovechar la redondez de mi cara para, made in Spain, pagar menos por lo mismo. Así que, Patricia después de llegar agotada tras subir las espaleras, ha pedido una entrada infantil para mí, que he pasado de tener casi 22 a tener 15 –espero que esto me siga pasando cuando tenga 50- Resulta que con este tipo de entrada un adulto entra gratis porque tiene que “vigilarte”, así que John se ha quedado fuera sentado, porque igualmente no puede andar más de 3 minutos, y Patricia ha venido conmigo que después de subir el primer nivel y encontrar un banco ha decidido quedarse ahí, y dejarme sola. Pero estoy yendo demasiado rápido.

Al cruzar la puerta de cristal que separaba la torre del castillo de la tienda de regalos, lo primero que he sentido ha sido la humedad en mi cara, y los muros mohosos no hacían más que incrementar esas sensación, una torre llena de arcos, con un enorme vacío en el centro. No hay mucha gente, al menos que pueda oír o ver, lo que es perfecto -ya conocéis mi parte asocial que se incrementa cuando quiero curiosear algo- Decidimos subir al primer nivel, la capilla, principalmente para que Patricia pudiera sentarse. Oh Dios mío las escaleras, en forma de caracol, con la erosión propia de los años, con un desnivel terrible y con la parte ancha igual de grande que mi pie, pobres de los altos. Y subir es lo más sencillo, estaba temblando literalmente de pensar en bajar por aquel lugar. Pero mi curiosidad por ver más era más grande. Llegamos a la capilla, y vaya, no hay ninguna referencia religiosa, ni restos de algún bulbo o altar, nada, solo un diorama del castillo y una pancarta con una línea temporal con hechos relevantes del castillo; ya que no hay nada realmente impresionante, decido mirar por los ventanales y almenos aprovechar las vistas. Y vaya, qué tenemos aquí, una enorme y preciosa catedral, diseñada por el mismo hombre que diseño este castillo y la Torre de Londres; inmediatamente pregunto si cuando salgamos del castillo puedo ir a visitarla, la respuesta es afirmativa, pero tengo que ir por mí misma, pues ellos no pueden, ni quieren, andar tanto. Creo que jamás un plan sola me ha parecido más perfecto.
Me aventuro por la serpenteante escalera, que parece no llegar a ningún nuevo nivel, sus escalones son cada vez más pequeños y cuando me encuentro con alguien en ella siempre espero que no sea alguien mayor al que educadamente, y por su seguridad, deba cederle el espacio más ancho. Los muros son impresionantes, no solo por su buena conservación –sin restaurar- sino por su grosor. Desde luego, sabían lo que se hacían. Al fin llego al siguiente nivel, y las escaleras y los espacios son más anchos y planos haciendo el paso más fácil. Por lo que pude leer en los carteles resulta que esa era la línea de defensa, eso explica lo del suelo más plano, facilita el movimiento. Sigo subiendo y en cada vuelta de escalera me encuentro nuevos niveles que esconden pequeños riconcitos muy bien conservados que te transportan a la época. En uno de los arcos bajo los que paso encuentro unos escritos, al principio pienso que son producto de adolescentes cuya existencia es tan importante que deben dejar señal de ello en cada mural que ven, pero al observar un poco más de cerca con escritos de vete tú a saber cuándo, que anuncian la entrada al comedor, y dentro de este, una cosa que a mí me ha parecido más que curiosa, una conexión con “el basurero real”, el depósito de basuras, que conectaba 3 pisos por debajo del comedor. Lanzas tus desperdicios al vacío, y llegan a una habitación-cubo de basura, desde donde los sirvientes la sacarían a algún lugar, espero.

Sigo subiendo, y los pequeños ventanucos que antaño servían para vigilar y disparar flechas dejan pasar cada vez un viento más fuerte, a veces me mueve un poco hacia el vacío que hay en el centro de la torre; deseo llegar al final de la torre y evitar esas fuertes corrientes, disfrutar de las vistas, las que me rodean y las de la perspectiva de la torre desde arriba. Al llegar la catedral si ve mucho más ma
jestuosa que desde dentro, pero tampoco parece nada muy diferente a las que he visto por España. Probablemente los que sabéis de historia del arte, o arquitectura, al verla os daríais cuenta de lo errada que estaba, pero mientras, los ignorantes como yo, necesitamos de la prueba y error. Recorro toda la parte de arriba, intentando imaginar cómo podrían defenderse de un ataque, están demasiado próximos al rio, si, agua fuente de vida, pero también trae barcos enemigos. Probablemente existiese un amurallamiento cerca del rio que hoy por hoy ha desaparecido. Y a la espalda del castillo Rochester, el pueblo protegido. Miro hacia abajo, dentro del castillo, pero una malla me impide disfrutar de una imagen nítida, intento hacer una foto con zoom para evitar las “cuadraturas” pero la cámara es realmente antigua y es peor el remedio que la enfermedad. En un ataque de narcisismo hago un par de intentos de “selfis”, pero entre mi vergüenza a tomarme fotos delante de otras personas, el vientos y la poca perspectiva…poca cosa he conseguido, por no decir nada.

Regreso a por Patricia deseosa de seguir mi ruta con la catedral, salimos del castillo, ha sido fantástico, pero la catedral promete o eso espero. Dejo a Patricia y John en los jardines del castillo y me apresuro sola, con la cámara en mano y 50 peniques en el bolsillo, Patricia me ha recomendado que deje “la voluntad”, mi voluntad es no darles ni un céntimo al clero, así que creo que no dejaré nada, suficiente financiación reciben ya… Al acercarme a la entrada, sobre la puerta una escultura de un señor-santo, seguramente el patrón más importante de la Catedral, pero mi vista se pierde en las decoraciones que le rodean, no son muy elaboradas, son delicadas. Entro, y mis ojos no saben por dónde empezar, es realmente diferente a lo que estoy acostumbrada las líneas son más pulidas, no hay mucho recargo, pero realmente hay muchas cosas. Las lámparas, las he detestado desde el segundo uno, me da en la nariz que no son originales, y si lo son, qué feas, me descuadran mucho con el entorno. Las vidrieras están conformadas con cristalitos muy pequeños y la luz que reflejan es verdaderamente de un ambiente “sagrado”. Respiro el silencio de cualquier lugar de este tipo, pero no el incienso ni el rancio de las iglesias-catedrales que he visitado. Las paredes y los suelos están llenos de zonas oscuras, con descripciones dentro, me detengo a observar, y resultan que son restos. Paro y giro sobre mi misma, estoy rodeada de polvo que antaño fueron personas, supongo que verdaderamente importantes para estar aquí, justo aquí. Me da un poco de respeto pisar sobre las lápidas, e intento evitarlas, pero cuando mi vista se vuelve a perder en la edificación, las tumbas es suelo, y los muertos ahora son polvo, me olvido por completo y me acerco a ver cada detalle. Observo que al fondo hay una segunda parte. Me dirijo a ella, despacio, intentado captar cada rincón, pero siendo consciente de lo mucho que estoy perdiéndome. Entro en la segunda parte, y hay unos bancos con una tabla a modo de mesas anexadas, unos frente a otros, dispuestos para el dialogo, no para la oración, como un parlamento, realmente me sorprende, debajo de las mesas, observo papeles y libros, quizás den “clases” preparatorias para los próximos obispos y curas, pienso. Las paredes están empapeladas o entapizadas con unos dibujos profundos, y sobre ellos nombres cosidos en la tela, cosidos con hilo dorado, supongo que de oro…salgo de la sala por otro lugar y paso bajo un arco, la gente que va delante de mi siguen camino hacia delante, otros me adelantan, giro la vista y encuentro más detalles. Cuanto dejamos en la espalda por solo mirar hacia delante. Y mirando hacia delante me he encontrado con la muerte, un cementerio en la espalda de la catedral.
Así ha terminado mi día de turismo, con los ojos llenos de opulencia y grandes edificaciones, de cultura de pasado. Ya podría haber más días así.
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